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NEUROMEDIACIÓN

Aportes de la neurociencia al proceso de Mediación

Artículo de opinión 22 de diciembre de 2021 Laura Peralta

Las neurociencias estudian la organización y el funcionamiento del sistema nervioso y cómo los diferentes elementos del cerebro interactúan y dan origen a la conducta de los seres humanos. Estudian los fundamentos de nuestra individualidad: las emociones, la conciencia, la toma de decisiones y nuestras acciones sociopsicológicas. 

Han realizado aportes considerables para el reconocimiento de las intenciones de los demás y de los distintos componentes de la empatía, de las aéreas críticas del lenguaje, los mecanismos cerebrales de la emoción y de los circuitos neurales involucrados en ver e interpretar el mundo que nos rodea. 

El lógico que el impacto de las  neurociencias se proyecte en múltiples aéreas de relevancia social entre las cuales se encuentra, sin dudas, la mediación. 

El mediador actúa como facilitador liderando el cambio en el pensamiento y la conducta de las partes vinculadas al conflicto. ¿Cómo lo hace? A través de algunas herramientas que requieren un arduo entrenamiento, entre las cuales la primera es el lenguaje en general, y en especial las preguntas que utiliza para ir conduciendo a las partes en el proceso y preparándolas para la toma de decisiones.


Conocer como funciona el cerebro humano, como pensamos, como percibimos el mundo,como sentimos y como decidimos pone una luz al proceso de mediación y permite al mediador repensarlo, repensar a las partes y a sí mismo en su rol. 

El objetivo de este trabajo será intentar abordar de manera breve alguno de los puntos relevantes, que a mi modo de ver, deberían ser considerados en el proceso de mediación: 

La percepción humana 

Neuronas espejo: diferentes aspectos de la empatía 

¿Emociones Inteligentes?: Habilidades y competencias de la inteligencia emocional  


LA PERCEPCIÓN HUMANA 

En palabras del Dr. Daniel López Rosetti, la percepción humana es el mecanismo por el cual nuestro cerebro y todas las funciones mentales toman conocimiento consciente o inconsciente del mundo que nos rodea y también de nuestro mundo físico interior.  

Explica el referido profesional que dentro de los mecanismos de la percepción, debemos considerar los datos o la información física que tomamos del mundo externo a nuestro cuerpo (por ejemplo a través de los sentidos), y también del interno (el sistema digestivo por ejemplo), como aquello que percibimos a través de nuestro razonamiento, nuestras emociones y nuestros sentimientos. 

Es decir, percibir implica el ingreso de información a nuestros procesos mentales tanto sean físicos como vivenciales. 

Nuestros conocimientos se almacenan en estructuras neuronales dotadas de significado. Estas estructuras son estables y resistentes al cambio. 

Tenemos un sensible apego a nuestros conocimientos y a nuestra forma de ver el mundo. Ello conlleva la tendencia natural de creer que la forma propia de ver el mundo es la mejor, o al menos la correcta. Es por ello que defendemos nuestra posición, otorgándole una valoración especial, ya que forma parte de nuestra esencia, es decir nuestra identidad. 

Las partes en disputa, en un proceso de mediación traen su visión subjetiva de la realidad, su mapa mental y con él, la resistencia al cambio ya que, modificarlo implicaría perder parte de su esencia e identidad. 

El ciclo dentro de un proceso de mediación existen los siguientes momentos; 

1) primer momento: La negación: “ésto no va a funcionar”;

2) La resistencia/miedo:  “ésto sólo empeora las cosas”

3) La exploración, donde comienza el proceso de aceptación, de apertura al punto de vista del otro, y

4) por último, la reconstrucción, momento adecuado para trabajar desde el compromiso de las partes

El desafío para el mediador es poder acompañar a las partes en ese ciclo para que las decisiones que tomen las partes sean las adecuadas para todos y cada uno.  Para ello, el conocimiento de los aportes  de la neurociencia  en el conocimiento de cómo pensamos, sentimos y decidimos resulta imprescindible. 


MAPAS MENTALES

Cada persona tiene una representación de la realidad. Esto implica otra cuestión que hay que tener en cuenta: cada ser humano tiene un mapa interno distinto y por lo tanto observa y construye la realidad en forma diferente a los otros.

Se trata de comprender que siempre estamos expresando un punto de vista que puede o no coincidir con el ajeno y no una verdad objetiva. Ello sucede porque las percepciones de las personas son siempre subjetivas, lo que se percibe es selectivo y no un examen de la realidad completo ni necesariamente verdadero. 

Todos respondemos desde nuestros mapas, tomar consciencia de ello resulta fundamental para el rol de mediador, aportando la flexibilidad necesaria para recorrer junto a las partes, el proceso. 


¿Cómo elaboramos nuestros mapas mentales?

Somos incansables exploradores del mundo, el cual descubrimos mediante los sentidos, aunque sólo somos capaces de percibir una pequeña parte de él. Esta parte de la realidad es filtrada por nuestras experiencias personales,  intereses, valores, creencias, cultura, etc. 

Al pasar la información obtenida por los sentidos a través del filtro particular de la persona, el mundo resulta diferente para cada individuo que vive una realidad única, construida por sus propias experiencias e impresiones. a experiencia sensitiva 

Experimentamos el mundo a través de los sentidos. Los ojos, el oído, la piel, el gusto y el olfato nos abren la puerta hacia la experiencia del mundo exterior. Estos conforman una especie de puente por el que nos conectamos.

La experiencia con el mundo comienza en el útero materno: el bebé succiona su pulgar, puede escuchar sonidos, etc. 

Cada vez que recibimos una información, a lo largo de nuestra existencia, lo hacemos a través de los cinco sentidos y éstos se encargan de que nuestro cerebro la reciba. Esto constituye nuestro primer filtro. 

Al tomar un helado, llevaremos innumerable información a nuestro cerebro. Simplemente pensemos: percibiremos su sabor, frescura, aroma, color, nos generará además, sensación de placer, etc. 

Experimentaremos además el transito de este alimentos por nuestro tubo digestivo, no tomamos conciencia de ello pero nuestro cerebro sí lo hace. 

Pero además de ello, nos puede traer recuerdos, positivos o negativos. Y eso también generará una información al  cerebro, lo que será nuestro segundo filtro. 

De allí que la experiencia de tomar un helado, será diferente para cada persona en particular. Primero pasará a su cerebro la información que le transmiten sus sentidos, configurando un “primer filtro”, registrará lo que acontece por su cuerpo y luego su experiencia, creencias, valores, emociones, configuraran un “segundo filtro”, que en conjunto, conformarán un mapa mental particular con matices propios. 

De allí que el carácter subjetivo de la percepción humana, ya que  cada persona construye una representación de la realidad filtrando esta última y le otorgándole un significado diferente. 


LOS FILTROS

Este aporte de la Programación Neurolingüística (PNL), resulta interesante para comprender como opera la primera red de selección a través de la cual organizamos nuestro mundo de ideas y manifestaciones. 

¿Para qué  conocer esta información? 

Para comprender cómo pensamos nosotros y cómo lo hacen las demás personas. 

Alguno de los filtros más comunes: 

Nuestros sentidos (sistemas representacionales). 
Lo que creemos (sistema de creencias).
Nuestro lenguaje (patrones del lenguaje).
Los sistemas representacionales son la forma que tenemos de captar la información del mundo que nos rodea a través de los sentidos (vista, oído, tacto, olfato y gusto) y la forma en que nuestro cerebro codifica y procesa esa información.

Las creencias: son básicamente juicios y valoraciones sobre nosotros, los demás y el mundo que nos rodea. Ejercen una poderosa influencia en nuestra vida. Asimismo resultan notablemente difíciles de cambiar por medio de las normas tradicionales de pensamiento lógico y racional. 

Los patrones del lenguaje: son los modos en que usamos las palabras y la construcción de las frases. 


LA REVOLUCIÓN DE LAS NEURONAS ESPEJO: ¿CÓMO FUNCIONA LA EMPATÍA? 

Los últimos estudios de las neurociencias aportan a nuestra tarea como mediadores el funcionamiento de nuestras neuronas espejo. 

Ellas son las protagonistas de nuestro contagio emocional, es decir que nuestras neuronas reaccionan de manera favorable a la expresión neuronal de las emociones de las otras personas. Ellas generan en nosotros aquello que otros pueden estar experimentando. 

Las neuronas espejo se encuentran en la corteza cerebral y conectan el cerebro límbico con el cerebro emocional, vinculando lo cognitivo o pensante con lo emocional, permitiendo la formación de los vínculos.  

Con ellas nos volvemos espejo de los demás y vivimos conectados con los otros. 

Este descubrimiento revolucionó nuestra comprensión en el modalidad de interacción. El lenguaje no verbal cobra absoluta relevancia en la comunicación de nuestras intenciones y sentimientos. 

Una reacción natural del ser humano, que hace a su supervivencia, es “acercarse a lo similar y alejarse de lo diferente”.

Las similitudes nos provocan serenidad, confianza y nos permiten bajar la guardia. 

Para la Real Academia Española, la empatía es la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.”

Para Daniel Goleman, autor de “La Inteligencia Emocional”, la empatía es la aptitud básica de la conciencia social: “percibir lo que piensan y sienten los demás sin que nos lo digan con palabras”.

De manera permanente emitimos mensajes sobre lo que sentimos o pensamos a través del cuerpo, la gestualidad y la voz. 

Para el citado autor existen tres clases de empatía: 

Cognitiva: es la empatía de la perspectiva. Se trata de adoptar el punto de vista del otro. Es comprender lo que piensa la otra persona. 
Afectiva: es aquella mediante la cual comprendemos lo que siente la otra persona. 
Preocupación empática: sucede cuando una persona percibe que otra necesita ayuda y se la ofrece espontáneamente. 

Cuando se entabla una comunicación real, se produce, más allá de las palabras, una sensación de comodidad o bienestar que se puede apreciar a simple vista ya que se ve reflejada en el lenguaje corporal. 

Con base en la neurociencia, el Dr. Daniel López Rossetti entiende a la empatía como un conjunto de funciones, principalmente emocionales, secundado muy de cerca con los mecanismos cognitivos primariamente racionales. “La empatía –sostiene- salda nuestras distancias emocionales permitiendo una visión solidaria, moral y ética en nuestras estructuras sociales. No son solo  palabras, son una ventaja evolutiva que procura el bien común y la perpetuación de la especie. La empatía hace bien, es bienestar compartido”.

Esta información cobra sobrada relevancia en el proceso de mediación, si comprendemos que este fenómeno funciona cuando interactuamos con el otro de manera directa. Es muy difícil sostener una comunicación agresiva con una persona que se muestra cordial y respetuosa.  De allí que las reuniones conjuntas deberían ser las preferidas por el mediador  porque allí es donde podremos trabajar en la comunicación empática entre las partes. Esa sintonía se puede lograr plenamente con una herramienta fundamental vinculada con estos nuevos descubrimientos: el rapport.


¿EMOCIONES INTELIGENTES? 

Existe una creencia popular de que en las decisiones racionales están ausentes las emociones. Las neurociencias vienen a despejar definitivamente  las dudas al respecto y a aportar a los mediadores una herramienta fundamental para nuestro rol. 

Todo proceso emocional se construye a partir de una percepción cognitiva... Es decir, se construye desde lo que se sabe, se piensa y se elabora. Toda decisión racional para ser operativa implica emociones.

Los mecanismos y significados de la emoción se nos ocultan en el contexto de una cultura científica y ética que reniega de las dimensiones emotivo-afectivas. Pero la emocionalidad es un instrumento psicológico al servicio de nuestra supervivencia ya que tiene la aptitud de orientar y motivar nuestras capacidades. Sin sentir no sólo no podemos vivir, incluso seríamos incapaces de pensar. 

Lo “racional” y “emocional”, se coordinan entre sí para dar coherencia a nuestros pensamientos y comportamientos. El problema reside cuando aparecen las pasiones, en este caso cuanto más intensa sea, más poderosa se volverá la mente emocional y más débil la racional. 

 Un poco de historia 

La noción de inteligencia como unidad cambia radicalmente hacia el año 1983 cuando Howard Gardner desarrolla el concepto de “Inteligencias Múltiples”, considerándola como un conjunto de habilidades diferentes, con las que todos contamos pero algunas se encuentran mas desarrolladas en algunas personas que en otras. 

Las habilidades distinguidas por Gardner incluían la inteligencia lógico matemática referida al manejo de conceptos matemáticos y lógicos racionales; inteligencia cinético-corporal, referida a  la capacidad de movimientos corporales y su relación con el espacio, inteligencia visual y espacial, la que permite conocer y distinguir la relación del espacio y los objetos; inteligencia lingüística, sobre el dominio del lenguaje oral y escrito, inteligencia musical, capacidad para comprender el leguaje, musical y componerlo y la inteligencia naturista, relacionada con los seres vivos y su relación con la naturaleza. A ellas se le suma las inteligencias intrapersonal e interpersonal, que son aquellas que nos permiten conocer nuestro mundo interior y conocer el mundo de los otros. 

En 1990, los psicólogos Peter Salovey y Jonh Mayer, llegaron a lo que hoy conocemos como Inteligencia Emocional. Concepto que se hizo mundialmente conocido por psicólogo Daniel Goleman, quien la definió como la “capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”. 

Los tres elementos sobre los que gira la Inteligencia emocional son:

Percepción emocional: tomar conciencia y reconocer de modo consciente las sensaciones, emociones y sentimientos.  La falta de ella nos conduce ala condición de analfabetismo emocional, si no la desarrollamos.  
Comprensión emocional: es un proceso complejo que integra la función racional con la emocional. Implica saber interpretar las razones de una vivencia emocional particular y qué implicancias tiene la misma en los que nos rodean. 
Regulación emocional: se trata de lograr el equilibrio entre razón y emoción a los fines de tomar decisiones adecuadas. 
 

Pero ¿qué es la emoción?

Para el psicólogo Daniel Goleman el término emoción refiere a un sentimiento y sus pensamientos característicos, estados psicológicos y biológicos y a una variedad de tendencias a actuar.

Según este autor, existen cientos de emociones, junto a sus posibles combinaciones, mutaciones o variables. 

Algunas de las emociones básicas son: 

Ira 
Tristeza
Temor
Placer
Amor
Sorpresa
Disgusto
Vergüenza
 

La emoción es un mecanismo generado por la evolución para facilitar la interacción con el medio físico y social. A través de ella, se activan procesos físicos y orgánicos ante experiencias vividas o posibles que “evaluamos” como relevantes.

Del mismo modo que las luces del tablero del auto se encienden e indican que ha subido la temperatura o queda poco combustible, cada emoción indica un problema particular y el camino para su resolución. 

La “mala prensa” que tienen las emociones llamadas negativas, nos hace caer en el error de pensar que el problema son las emociones en sí mismas, lo que nos genera una angustia adicional a la situación, pero lo cierto es que la ira, la tristeza, el temor, son señales de situaciones que debemos atender. Si aprendemos a distinguirlas y entender su significado en nosotros mismos y en nuestros interlocutores nos servirán de “luces” para indicarnos el camino a seguir y evitar decir o hacer cosas de las que  seguramente nos arrepentiremos cuando la emoción en nuestra mente se haya normalizado.  

 

Las señales de nuestro cuerpo

Goleman en su obra “La Inteligencia Emocional”, describe los detalles fisiológicos que detenta nuestro organismo con cada emoción. 

La razón por la cual sufre modificaciones es que las emociones lo preparan para una respuesta diferente en cada ocasión. Esas “luces” que mencionamos antes podemos distinguirlas a simple vista en nosotros  y en las otras personas.  Citaremos algunas de forma sintética:

Ira: la sangre fluye a las manos (la acción inmediata es tomar un arma o golpear a otro), aumento del ritmo cardíaco y de las hormonas como la adrenalina. Todo ello provoca un aumento de energía e impulsa a la acción.
Temor: el rostro cambia de color (se pone pálido), en razón de que la sangre se va a las piernas, de manera que resulta más fácil huir. El organismo se pone en situación de alerta general. 
Amor: se genera en el organismo un estado de relajación, que facilita la calma y la cooperación.
Sorpresa: elevar las cejas en la expresión de sorpresa, permite mayor entrada de luz a la retina con el fin de poder distinguir mejor el hecho que la provocara. 
 

Capacidades Inteligentes 

La Inteligencia Emocional plantea cinco capacidades que entiende relevantes para el éxito en la vida:

Conocer las propias emociones: es importante tener conciencia de qué emoción nos embarga en el preciso momento que está ocurriendo. Manejar esta información sobre nosotros mismos, permite el dominio y autocontrol de las mismas. 
Gestionar las emociones: liberarse de la melancolía, sobreponerse a la angustia o la tristeza, nos permite atravesar los obstáculos de la vida con mayor entereza. 
La propia motivación: ordenar las emociones para el logro de un objetivo nos permite generar un flujo positivo de acciones que repercute en la eficacia de los resultados.
Reconocer las emociones de los demás: ponerse en el lugar de los demás y comprender al otro, se denomina empatía. Es la cualidad social más importante. 
Gestionar las relaciones: es decir, guiar las emociones de los demás.  Es la capacidad de los líderes. 

Si bien es cierto que no todas las personas tenemos desarrolladas las capacidades referidas en su totalidad, la buena noticia es que todas  y cada una de ellas pueden aprenderse y desarrollarse.

 

¿Para qué nos sirve en el proceso de mediación aprender a detectar las emociones?

Las emociones están presentes en todo nuestro proceso de toma de decisiones inteligentes, aunque cuando nos encontramos inmersos en un conflicto, un enfrentamiento o una situación de stress, las emociones puede  inhibir nuestra capacidad de gestionar de manera constructiva esa situación. 

Cuando estamos dentro de un conflicto se producen cambios en nuestro cableado neuronal, obstruyendo nuestro comportamiento racional. 

Lo que sucede es que el núcleo cerebral (Amígdala), encargado de que la toma de decisiones se realice con el aporte de los diferentes centros cerebrales (neocortex o racional, límbico o emocional y reptiliano), se bloquea. 

Ese bloqueo interrumpe la comunicación entre las diferentes partes de nuestro cerebro, sobre todo el racional y el emocional. De tal manera que la información entra al “cerebro” emocional (al sentir miedo por ejemplo), pero la comunicación con la parte racional no se lleva a cabo. Tal situación se denomina “secuestro emocional”. 

La fase de recapitulación dentro de un proceso de mediación puede generar en las partes un secuestro emocional, toda vez que al revivir el conflicto, el cerebro no distingue si el estado es nuevo o recordado, por lo que se activan los circuitos neuronales asociados a las emociones “negativas”, generando nuevamente un estado emocional intenso y la interrupción de la comunicación con el “cerebro” racional. Este estado resulta inadecuado para pensar y avanzar en la toma de decisiones inteligentes. Lo que implica que ante tal situación deberemos, desde nuestro rol, pensar diferentes opciones para abordar el momento de manera consciente y empática, comprendiendo proceso emocional de la persona en el momento adecuado. 

 

Palabras finales 

Como ya mencioné en este trabajo, las decisiones que tomamos requieren de nuestros centros cerebrales; lo racional, lo emocional y nuestro cuerpo se combinan para elegir de manera inteligente. 

Si está leyendo esto es porque en algún momento su razón, su emoción y su cuerpo  decidieron que usted SEA mediador.  Sin dudas una decisión inteligente que lo lleva de la mano a transitar caminos de paz para la construcción de una sociedad mejor. Gracias por eso. 


Bibliografía

Bachrach, Estanislao: En Cambio, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 2016

Braidot, Néstor: Neurociencias para tu vida, Buenos Aires, Ed. Granica, 2016. 

Goleman, Daniel: El Cerebro y la Inteligencia Emocional. Nuevos Descubrimientos, Barcelona, Ed. Ediciones B S.A., 2012.

López Rosetti, Daniel: Equilibrio. Cómo pensamos, cómo sentimos y cómo decidimos, Buenos Aires, Ed. Planeta, 2019.

Manes, Facundo: Usar el cerebro. Conocer nuestra mente para vivir mejor,     Buenos Aires, Ed. Planeta, 2014.

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