¿Y si no me quiero ir? ¿Y si me quiero ir?

Artículo de opinión 05 de enero de 2022 Por Leonardo Otarán- Presidente Fundación Mediar
La falta de gestión de conflictos en las organizaciones deportivas hace cada vez más difícil llegar a los objetivos.
leo1111111

La falta de gestión de los conflictos deportivos es cada vez más frecuente y terminan escalando a niveles inesperados en tiempos de mucha turbulencia en que la pandemia sigue afectando, y mucho. 

 

Hace unos días en el Dream Team del PSG, llamado de esta manera debido a las importantes incorporaciones en los últimos meses, con Lionel Messi, Sergio Ramos y Gianluigi Donnarumma a la cabeza, no todo funciona como se esperaba. La falta de tolerancia en funcionamiento, resultados que no eran los esperados con tantas figuras, ahora se le agregan nuevas polémicas, como la lucha de los arqueros por ser el titular o el caso particular de Layvin Kurzawa, que se encuentra en la lista de transferibles porque no será tenido en cuenta por el DT Mauricio Pochettino para lo que viene. 

 

Según medios deportivos europeos, el lateral izquierdo que forma parte del equipo desde 2015 y tiene contrato hasta junio de 2024, no tendría la intención de dejar el equipo. Ahora bien, como en todo conflicto deportivo, la multiplicidad de partes, cada una con sus intereses y posiciones, complica aún más estas situaciones que se dan en cientos de equipos en todo el mundo, en un alto porcentaje en que las partes quedan insatisfechas, acordando por posiciones, afectando las relaciones interpersonales.

 

El problema no sería que el entrenador o el club no quiera que el jugador siga vinculado a la institución, por que está dentro de sus atribuciones poder confeccionar un equipo que cumpla con los objetivos planteados al inicio de la temporada, el punto importante es que llegamos a esta instancia del conflicto porque durante largo tiempo la comunicación entre los actores principales fue escasa o nula, o no fue asertiva, o el objetivo colectivo conspira con los intereses individuales de las personas que componen la organización deportiva: entrenadores, jugadores, representantes, sponsors, directores deportivos, dirigentes/ dueños de equipo, donde cada uno persigue metas diferentes. 

 

Lo mismo pasa con los arqueros, Donnarumma y Keylor Navas. El primero llegó en este mercado de pases y se coronó como el mejor arquero del 2021 y el segundo viene siendo el titular indiscutido desde hace algunas temporadas, donde previamente fue figura en el Real Madrid. Ambos quieren ser el dueño del arco y en varias ocasiones se filtró que la competencia sea tanta que no tendrían buena relación. 

 

Lo mismo con los dos “bandos” que habría dentro del vestuario, con Neymar y Messi liderando uno de los grupos, junto a los latinoamericanos, contra los europeos del otro. O el pase que no fue de kylian Mbappé al Real Madrid.

 

En definitiva, la falta de gestión de los conflictos en el momento adecuado, y llegar a nuevo libro de pases en un clima convulsionado en que el jugador critica abiertamente al director deportivo, responsabiliza al entrenador de no tener una oportunidad y la lista puede seguir, cuando en realidad no hay que buscar responsables, ya que cada uno persigue y defiende intereses individuales, interpretando que ayudan a cumplir con el objetivo común. 

 

Ahora bien, puntualmente en el caso de Layvin Kurzawa, ¿Cómo solucionamos esta controversia en donde el jugador no quiere dejar de pertenecer a al equipo, en donde quedan las expectativas y sueños que no se encuentran plasmadas en un contrato? ¿O el caso de Mbappé, que hizo fuerza públicamente para irse al Madrid y no se lo permitieron?

 Sin dudas que el escenario ideal es la gestión de los conflictos deportivos para no llegar a situaciones como esta en donde negociaciones apresuradas seguramente dejarán poco conforme a las partes. 

 

 

 Leonardo Otarán 

Presidente de la Fundación Mediar 

Director del Congreso Americano de Mediación 

 

Te puede interesar