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Documental premiado resalta las bondades de la mediación para evitar el conflicto

El pasado jueves se anunciaron las nominaciones a los Goya 2023 y este lunes rescatamos a la película ganadora en la categoría de Mejor Película Documental de los galardones de 2021. ‘Quien lo diría’ de Jonás Trueba. Su éxito ha propiciado la demanda de las familias de equipos especializados, así como otros tipos de intervenciones de mediación como la comunicativa.

Artículo de opinión 20/12/2022 Equipo Red Americana de Mediadores
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‘Quien lo diría’ de Jonás Trueba

AMANDA RODRÍGUEZ GONZÁLEZ

“Serán las hormonas, lo que dicen los científicos, cualquier cosa, pero lo que siempre dicen los adolescentes, la inseguridad… pues sí, tú también la has vivido, ¿no?”.

Esta es una cita de Quién lo impide, una cinta de 2021 dirigida por Jonás Trueba que se llevó el Goya este 2022 en la categoría de Mejor Película Documental.

El cineasta quiso reflejar en esta obra, cómo se desarrollan las sesiones de mediación que se imparten en el instituto de Candela, una de las protagonistas.

La película muestra momentos de la adolescencia como una quedada de amigos, el primer amor o un viaje de fin de curso, “Cuestiones que en ese momento nos parecían lo más importante”, recuerdan los estudiantes que intervienen en la cinta en una entrevista ofrecida a Cinemanía.

El documental deja ver cómo los jóvenes solo necesitan las herramientas para saber gestionar emociones o empatizar para ponerse en el lugar del otro y evitar el conflicto. En este sentido, la mediación deja claro que no se necesita una instrucción arcaica basada en la sanción y en estereotipar a “buenos y malos”.

Gracias a estos equipos, los adolescentes pueden desarrollar aptitudes más inteligentes para lograr la integración de todos los participantes de la escuela, sin importar las diferencias culturales, físicas, sociales o económicas del espacio educativo en el que se encuentran.

El fin: un entorno educativo saludable

Los centros educativos no son solamente un lugar para ganar conocimientos y crecer en valores durante la etapa formativa -que, ya de por sí, no es poco-. Las escuelas están expuestas a la diversidad y en ese entorno se pueden generar conflictos de socialización. El alumnado se encuentra en un periodo de cambio e intervienen factores que alimentan la brecha social y la desigualdad.

En este contexto, surgen los equipos de mediación, constituidos por profesores, alumnos, padres y personal no docente. Su función consiste en ayudar a resolver los conflictos pacíficamente y favorecer la comunicación en la comunidad educativa. Su implicación en el funcionamiento del centro es clave para contribuir a un clima escolar ‘sano’.

Este recurso no existe en todos los centros pero cada vez está más presente porque tanto formadores como estudiantes lo demandan. Y la mejor prueba de que no estamos ante una moda pasajera es que la mediación ahora se puede estudiar específicamente a través de una Formación Profesional (FP). El mediador comunicativo puede ofrecer a la escuela un programa con un amplio abanico de actividades de interacción entre todos los grupos que la integran, incluidas las familias, donde muchas veces se gestan situaciones complicadas que los alumnos trasladan a conflictos en las aulas.

La mediación más allá de la resolución de conflictos

Elena García es una mediadora comunicativa de 23 años y ejerce en la Fundación Juan XXIII de Madrid desde hace poco más de un año. Consiguió este empleo porque fue el centro en el que hizo las prácticas del Grado Superior de Mediación Comunicativa y finalmente. “El papel de la mediación implica el trabajo diario para lograr un ambiente confortable entre todos los participantes y siempre estableciendo unos valores comunes”, explica García.

La mediación en el ámbito educativo español no solo se ha especializado en la resolución de conflictos, sino que ha incorporado otros modelos de intervención, como la mediación para mejorar la comunicación y las relaciones personales. “Aparte de la resolución de conflictos tenemos otras posibilidades de trabajo muy grandes de las que hacernos cargo como necesidades educativas específicas, integración de grupos de exclusión social, hablantes de otro idioma o de alumnado con alguna diversidad funcional, por ejemplo, sordomudos o invidentes”, asegura esta mediadora.

El objetivo final del centro educativo que implanta un equipo de mediación es el de prevención de actitudes violentas, verbales y físicas, así como el de educar en habilidades para solventar momentos de desacuerdo de una forma pacífica. Los profesionales sobre todo hacen hincapié en que las nuevas generaciones afiancen el proceso de diálogo. El efecto que generan estas acciones se refleja en la mejora de la atmósfera escolar. “Lo que más me enorgullece de poder dedicarme a la mediación es hacer realidad que todos los participantes se sientan cómodos y acogidos en su círculo”, concluye García.

Fuente: https://www.publico.es/

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